jueves, 11 de febrero de 2010

Collateral

Manual para asesinos profesionales. Lección primera: Sean frugales. Ahorren costos innecesarios. ¿Para qué contratar un chofer cuando pueden secuestrar uno? Esta lección la aprendió bastante bien Vincent (Tom Cruise, como un frío y calculador sicario), "reclutando" contra su voluntad a un taxista idealista(interpretado a la perfección por Jamie Foxx) a lo largo de una jornada nocturna llena de imprevistos, pletórica de adrenalina y donde la única constante es la sorpresa. Eso es Collateral: Un banquete de suspenso, acción y emoción. El único desagravio del cual puede acusársele es haber dejado irresoluta la interrogante clave del film: ¿Cuánto iba a marcar la maría? Pero no toda película es perfecta. Collateral, sin embargo, se acerca.

La trama parte de una premisa muy simple: Un taxista secuestrado conduce a un asesino profesional mientras éste cumple con una serie de "trabajos", trascendiendo de tan llano postulado --si bien interesante-- al punto de estructurar una historia fluída, inmersa en momentos de tensión y acción, y a la vez entremezclados con introspección psicológica y eventos sorpresivos (pónganle atención a lo que sucede al polícia, interpretado por el prometedor actor Mark Ruffalo. Aquí uno capta que no está ante un film ordinario) que desprecian los clichés hollywoodenses y enrumban al film hacia los poco frecuentes terrenos de los sucesos imprevisibles y genuinamente sorprendentes. Collateral cumple el objetivo tripartito de entretener, estimular cuestionamientos y sorprender: Toda la película mantiene en vilo al espectador intentando en vano adivinar qué va a pasar.

La trama principal, el descubrir si el personaje central (el taxista) escapará el predicamento que la Providencia le deparó, cuenta con diferentes hilos narrativos que la enriquecen: El típico policía de aguda percepción que va contra la corriente y es el único aliado del protagonista y héroe en gestación, por una parte, y el elemento común que relaciona a las diferentes víctimas (y que permite al espectador atento anticipar cuál será la víctima final), por otra. Por sí solos, no son nada excepcional, sino herramientas comunes para la narración de historias. El mérito reside en haberlas fusionado coherentemente y con la habilidad suficiente para capturar la atención de la audiencia (secuestrarla en la historia, por así decirlo) y no dejarla desligarse de la pantalla hasta el epílogo.

Éste no es únicamente un film de acción / suspenso, como uno esperaría antes de ser agasajado por el film. Cuenta con un subtexto psicológico que agrega una capa de profundidad adicional a la historia. Esta trama subyacente es la crisis existencial que aqueja al personaje principal y que, si bien es evidente para la audiencia, nuestro infortunado taxista, Max, no percibe, sino que le debe ser expuesta por el más improbable de los terapistas: El psicópata pasajero del asiento de atrás (¡consulta psicológica gratuita!).

Y es aquí donde el guion y la actuación de Foxx destellan. El primero, al construir un personaje sumido en una crisis existencial latente --pero para él imperceptible-- y el segundo, al brindar vida con realismo encomiable a estos sentimientos de manera que, cuando su idealismo colisiona contra la inclemente muralla de la realidad, empatizáramos con él y comprendiésemos el curso de acción que decidiría elegir en un momento crucial de la narrativa --situación instrumental para propulsar la historia hacia su clímax--.

De no haber sido el personaje adecuadamente caracterizado por el guion --y entretejido éste situaciones que nos develaran su psique y permitiesen al espectador racionalizar su posterior conducta-- y de no haber estado Foxx a la altura del personaje, ésta crucial escena (la aludida terapia ambulante) hubiese perdido credibilidad y el film parte de su impacto.

Es por ello que, si bien la actuación no trasciende, cumple a cabalidad con su función de justificar las acciones de los personajes, lo cual es lo más que se le puede solicitar a un histrión: Hacernos sentir como si estuviéramos en la mente de los personajes. Podrían ir más largo e impedir, en la conciencia colectiva, la disociación del personaje con el actor (como ocurre, por ejemplo, con la dupleta Indiana Jones / Harrison Ford), pero esto no es achacable a la actuación sino al personaje en sí: No todos los papeles ofrecen la oportunidad de representar personajes memorables (no cualquier personaje fue escrito para perdurar en la psique colectiva; no a todos se les otorgó ese carisma, ese je ne sais quoi que ostentan las leyendas inmortales del Séptimo Arte), pero sí brindan la posibilidad de interpretarlo tal y como fue delineado por el guionista y articulado conceptualmente por el director.

Y es justo esto lo que hicieron Foxx y Cruise: Dar vida a un "Juan Pérez" sin norte alguno, atrapado en la complacencia de los sueños (ilusiones que la mediocridad y el temor a la frustación le impiden concretar) en el caso del primero; encarnar una máquina de destrucción carente tanto de moralidad como sentimientos, en el caso del segundo (solo le faltó decir "Hasta la vista, baby" para sembrar la duda de si era Terminator o no. Bueno, y un poco de musculatura y altura, pero quién está llevando la cuenta).

Lo interesante es que la forma como cada actor da vida a su alter ego cinematográfico es polarmente opuesta: Mientras uno depende de sumergirse en una catarsis emocional para rescatar a su personaje de la inercia que, cual Sísifo empujando la roca sobre la colina, corroía su existencia, el otro debía más bien despojarse de cualquier ligamen emocional para lograr ser el cruel aniquilador a sueldo que había elegido ser (y aquí cabe rescatar una escena --que cuando observen el film inmediatamente reconocerán-- en la que se desperdicia una excelente oportunidad de mostrarnos qué es lo que realmente dirige la conducta psicótica de Vincent y con ello mostrarlo más bidimensional, más humano. Por lo demás, no cabe duda de que, como villano, es excelente: No a cualquiera se le cree que haya matado a su progenitor a la edad de 12 años. Pénsandolo mejor, tal vez a Darth Vader).

La cámara fue un personaje secundario: ¡Cuán dinámica se mostró! Era un frenesí kinético que exacerbaba el flujo de adrenalina que de por sí ya estaba siendo estimulado por la tensión de la acción. Adicionalmente, las impresionantes tomas aéreas nos hacían por momentos cuestionarnos "¿Habrá Peter Parker cambiado su trabajo como fotógrafo del Daily Bugle por el de camarógrafo de Hollywood?" Porque realmente esas tomas parecían filmadas por el mismísimo Spider-Man.

No podría concluir sin mencionar el excelente sentido del humor que, cual boronas de pan dejadas por Hansel y Grettel, pavimentaron el sendero de la historia, siendo magistralmente desperdigadas a lo largo de ésta. Definitivamente, al sarcasmo es una de las formas más creativas de desplegar el humor, y los diálogos en Collateral destilaron a raudales joyas sardónicas cuyas carcajadas que estimulaban servían para alivianar la tensión y brindar balance al film. Aún más importante, ha quedado inobjetablemente demostrado cómo, del conocimiento trivial, puede, bajo ciertas circunstancias, depender la vida humana. Rápido: ¿Cómo aprendió Miles Davis a tocar jazz? (Cuando vean el film comprenderán la alusión).

Sumarizando, estamos ante un film que armoniza hábilmente la acción con el suspenso, proporciona amplio entretenimiento sustentado en fluidez narrativa, abundancia de eventos que avanzan inteligente --y creativamente-- la trama y consistencia interna que agrega credibilidad a la historia. Todo esto, a la vez que postula sútilmente interrogantes acerca de la naturaleza humana y obsequia al espectador perlas humorísticas hábilmente intercaladas a lo largo de la obra. Definitivamente, un film recomendable para todos los gustos. Tan bueno es, que gustosamente suspendo la incredulidad y acepto sin problemas dos escenas al final donde se opta por la manera más sencilla de llegar a la resolución de la trama, sin ser ésta la más lógica a la luz de lo descrito previamente por el film. Pero, parafraseándome a mí mismo, Collateral no es perfecta. Afortunadamente, se acerca a tan digno estándar más que la mayoría de las películas.

Hay otros elementos que aún quisiera comentar, pero el tiempo apremia, tengo 5 clientes pendientes de visitar y veo que mi taxi está arrivando...

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